miércoles, 27 de noviembre de 2013

El Principio, mi final.

MAGNO ALEJANDRO, QUE PEQUEÑO ERES ... estaba escrita en un rectángulo de papel añadido por otro igual,  pegado con cinta en una desgastada, blanca y vieja pared de adobe. Al leerla entendí el por qué de la frase... Gritaba en su silenciosa lectura, Frustración, dolor, ira, impotencia, soledad y abandono. Mire a mi alrededor y en aquella vieja casa, rodeada por jardines inhóspitos y un gran árbol de fruto que le hacía sombra desde su costado, adornada con tejas color cobre hechas de barro, algunas viejas y quebradizas. Jamás creí entender tanto con tan poco.

Aquellas letras silenciosas pero potentes en su mensaje, me habían hecho entender qué tenía que hacer, con un aire de nostalgia y tristeza, deje aquella casa vieja Y desolada pero mística a su vez. Pero por que surgió tal frase?, quien la escribió?, que llevo a hacerlo?... he aquí el principio, mi Génesis.

Tenía doce años en ese entonces, pelo corto castaño oscuro, tés blanca y suave como la ceda, ojos grandes y expresivos con aire de ternura pero más de picardía, parecían como si siempre quisieran hacer alguna travesura,  labios definidos color rosa. En general un rostro definido con el cuerpo de cualquier niño delgado de esta edad, mayor de cuatro hermanos (dos hombres una mujer, la más pequeña, la cuarta aún no había nacido) todos muy seguidos y unidos aunque con todo los problemas, peleas y demás castigos que venían detrás. 

En casa de la abuela, criados por ella en un ambiente de valores, religión y algo de rigidez, siendo ella una mujer enigmática, sabia y generosa, parecía que había visto todo el mundo. Sus historias, las más increíbles y entretenidas, contadas bajo el sonido de una estufa de carbón y su aroma a café de la mañana con sabor de leña. Huérfano de madre por abandono, aun no entiendo las razones de su partida indefinida, pero duele menos en este momento. Mi padre jamás dio sus razones siempre calla al respecto y prefiere continuar con su presente.

Mis recuerdos en esta casa son los más felices pero a su vez marcan mi destino, el fin de mi inocencia y el comienzo de lo que ahora es mi vida. No recuerdo como fue, ni en qué momento exactamente pero me llegan imágenes, borrosas ellas me traen momentos... en las que un hombre, mi primo (me lleva dos años) acariciaba mis piernas envueltas en medias de seda color negro y desgastadas de su uso, mientras me presionaba contra el frío piso de la ducha, sentía su punzante miembro excitado sobre mí y sus labios aireados en mi nuca hasta que se retozaba en su orgasmo.

Sin saber exactamente qué significaba para mí o porque lo estaba haciendo, sucedía en repetidas ocasiones, hasta que simplemente dejo de hacerlo. Ahora bien que lo pienso... no fue traumatico, un juego de niños descubriendo su cuerpo y a la vez su sexualidad. Pero para mí...  fue la puerta a algo que no entendía pero me emocionaba de pensarlo, nunca me pregunte así mismo en ese entonces si me gustaban los hombres, pero si sentía la saliva en mi garganta que pasaba tensionante y nerviosa al ver un hombre en paños menores o sin ellos.



Lo que no sabía en ese entonces, era que un día descubriría de una manera no muy convencional y un tanto aterradora como iba a ser estar con otro hombre.